"Me muero de tristeza quedaos aquí y velad conmigo"
Quizás podríamos pensar en aquella noche, me gustaría que por un momento pensáramos que estamos en el huerto de Getsemaní y que acompañamos por un instante a ese muchacho de 33 años envuelto en fatiga de muerte porque sabía que lo iban a atrapar y hacerle de sufrir muchísimo. Un muchacho que hace dos mil años tuvo la osadía de pisarle la cabeza a la serpiente y decir: Padre no obstante hágase tu voluntad y no la mía. Me gustaría que le acompañásemos en aquella “Hora” en que Jesús se sintió solo y débil como nosotros y le pide al Padre que aparte el cáliz de amargura.
Esta noche aunque parezca una noche triste al mismo tiempo es una noche de alegría ”El” esta Pascua, para nosotros la que celebramos verdaderamente esta noche, hay momentos de esperanza.
Señor te has adelantado a ir al huerto y te has arrodillado, envuelto en sudores, ¡Ora a mi Padre! Y déjame darte el aliento de que mi vida aunque parezca mentira valió la pena, quiero que sepas que tu sacrificio por mi valió la pena, yo no me merezco nada, pero lo que tú hiciste por mi vale la eternidad, claro ¿y como se lo demostramos? ¿Como le demostramos al Señor esta noche, en este ruego que hacemos y compartimos como siempre en el amor incondicional que nos damos unos a otros? Los discípulos que lo acompañan se quedan dormidos después de pensar, de estar llorando … y El les dice venid y acompañadme, no les dice venid si queréis, sino venid y acompañadme, o sea dejadlo todo, sea lo que sea … dejadlo todo y venid a acompañarme, porque es el momento más importante de la humanidad. Y la humanidad reflejada en los apóstoles, en su ruego a Dios Padre, se quedan dormidos y Cristo les regaña, para una vez que os pido… os quedáis dormidos… A lo largo de la vida nos pasa como a los discípulos, nos quedamos dormidos. Todos estamos aquí porque lo amamos y nos amamos los unos a los otros. Su vida se convierte en una bendición para nosotros y el hecho de su sacrificio se convierte en nuestra propia vida. Pero hay tantas cosas a nuestro alrededor donde estar despierto para acompañar a Jesús. ¿Cuántas cosas pasan por nuestras vidas, nuestras manos, por nuestro entorno? Y a veces por vergüenza, por el que dirán o por desidia, decimos… no me siento preparado, nos excusamos, nos llegan oportunidades a nosotros de hacer esto o de hacer aquello y lo vendemos por nuestras vergüenzas, por nuestro tiempo, por las cosas más tontas ni siquiera por un gran valor, sino por las cosas más tontas escurrimos el bulto.