Hace dos mil años la historia cuenta que la piedra fue apartada del sepulcro y cuando llegaron al sepulcro y El no estaba allí, pensaron que habían robado el cuerpo o que algo había pasado allí, entonces, El se manifiesta y les dice ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive? Pero no hablaba de cualquier vida, sino “al que vive para siempre” ¿Dónde vive Cristo realmente hoy día? ¿Dónde resucita? Pues resucita en el corazón de cada uno de nosotros y de muchos otros y sigue obrando de la misma forma, de la misma manera, su Segunda Venida está reflejada desde ese momento y para siempre. El no resucita por casualidad… y en la misericordia de su resurrección recibimos la alegría del cielo para poder manifestar cada uno en su tiempo, en su espacio, El Reino de su Amor.
En el mar de Tiberiades el Señor les promete a los discípulos que se reuniría con ellos, no hay ni una sola promesa que Cristo hiciera que no haya cumplido. Los discípulos al principio no le conocen, y se extrañan, a veces Cristo puede llegar a nuestra vida de la misma forma en que llegó a los discípulos, es más a cada vida, a cada uno de nosotros …. Cristo se le aparece en algún momento de la vida, lo que pasa es que nos ocurre como a los discípulos que al principio no le conocemos, pero ellos se dejaron llevar y echaron las redes al lado de la barca que les indicó y llenaron las redes de peces, entonces entendieron que era El Maestro, ¿como lo reconocieron?, lo supieron por las señales, no por su fisonomía, pues a cualquiera de nosotros nos puede llegar Jesús un buen día, a nuestra casa, a nuestro trabajo… con un cuerpo o con otro, con una imagen o con otra, pero solo lo reconoceremos en las señales, de buen árbol buen fruto, del mal árbol mal fruto, “Por el fruto conocerán quien soy”. El día de la resurrección, debemos de pensar que si Cristo resucitó y está en los cielos puede estar en cualquier sitio y en todos a la vez, y puede llegar a nuestra vida en forma de niño, de mujer, de hombre, de un amigo, de un familiar ,de un extraño, de un compañero de trabajo, de mil formas puede llegar a nosotros, porque en las visiones y en las emociones espirituales, el Señor ya prometió que se daría, “ En el Gran Día del Señor derramare de mi espíritu sobre toda carne…………………..” entonces Cristo puede llegar a nosotros, de mil formas, de mil maneras, no somos nosotros quienes tenemos que decir de que forma a de llegar. Por el fruto, por la verdad de lo que nos transmite reconoceremos quien es. Es verdad que Cristo se puede revelar en cualquiera de nuestros hermanos, en los niños mas pequeños, en los gestos mas pequeños o en los mas grandes, por lo tanto no juzguemos a nuestro prójimo, amemos y amando a nuestro prójimo el nos prometió que nos garantizaba la vida eterna.